However, it is time to move on away from those grey and dull winters (or should I say summers as well?) back to the origin: Mediterranean sunshine. Of course, I will always carry that bit of a Londoner with me: tackle pedestrian crossings without giving a damn about the color of traffic lights, effortlessly surviving the most extremely cramped conditions- few things beat the Picadilly line in rush hour as far as squeezing is concerned-, I will tend to queue without much fuss and I know my way through half of the cuisines in the world. And yes, that goes further on than Biryani, Tikka Massala and Green Edamame. Oh, and my love for sneakers, for sure.
So, as we Spanish ex-pats like to say, I'll be having (business school permitting of course) a bit of the good life for a few months. Will I come back? Frankly, I don't know. I wouldn't mind, of course, but to be honest much as London feels like the world in four blocks I like to see things for myself. And, as we all know, after the Big Smoke always comes....the Big Apple.
Se acabó. Después de tres años, mis días en la Gran Humareda llegan a un abrupto final. En retrospectiva, no podía haber sido mejor. He vivido todas las vidas que uno puede vivir en esta gigantesca y, desde un punto de vista solo apreciable por sus habitantes, caótica metrópolis: he sido un estudiante pirado más saliendo todos los días de la semana, he sido el más alternativo yendo a conciertos y eventos de lo más variopinto, estado de fiesta hasta el amanecer con auténticos frikis del dance y el techno, hecho viajes relámpago de una noche a Brighton durmiendo en un coche de alquiler, me he sentando una mañana perezosa de domingo espresso, ordenador y periódico en mano a ver la gente pasar en una coqueta terraza de café en una de esas zonas bonitas, me he convertido durante un breve periodo en un pirado de las zapatillas de deporte (a decir verdad lo sigo siendo) y, finalmente, sobrevivido a durante dos meses la vida de un futuro banquero de la City. Aparte de sacarme una carrera claro está.
Aún así es tiempo de mover fichar y cambiar esos días grises y tristones de invierno (¿O debería de decir de verano también?) y volver al punto de origen: el sol del Mediterráneo. Por supuesto siempre llevaré conmigo esa parte de londinense: cruzaré los semáforos sin mirar las luces para peatones, pasaré sin inmutarme por las condiciones más extremas de claustrofobia - pocas cosas superan un tren de la línea Picadilly en hora punta en lo que a aplastamiento se refiere- , haré la cola sin rechistar mucho y me sé los platos de cocinas de medio mundo ( y sí, eso va más allá del curry Biryani y Tikka Massala y de las judías Edamame). Y mi pasión por las zapatillas de deporte, claro.
Así que, como nos gusta decir a la colonia de ex-patriados cuando volvemos a España, voy a volver a la "buena vida" (si me lo permite mi nueva universidad claro) unos meses. ¿Volveré? Francamente, no lo sé. No me importaría pero, por mucho que Londres sea el mundo en cuatro manzanas me gusta ver el mundo con mis propios ojos. Y todos sabemos que después de la Gran Humareda viene la Gran Manzana.....
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