




Tasmania, ese trozo de tierra en mitad de la nada (entre Australia y Nueva Zelanda en otras palabras), descansa en la ignorancia de las masas. Sólo oyes hablar de ella una vez al año, durante la famosa regata Sydney-Hobart celebrada en diciembre, durante el verano austral. Aparte de eso pasa completamente desapercibida, lo que implica unas playas vírgenes fabulosas, extensiones de lavanda gigantescas y uno de los cielos más azules que se pueden encontrar en el mundo. El lugar perfecto para una escapada de lo más relajante.


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