El discurso en sí fue de lo más emotivo que he visto en mucho tiempo y no sólo iba cargado de esperanza e ideales, llevaba muchísima pasión. Llevaba un amor incondicional hacia su país, pero sobretodo hacia su puesto, a lo que él ha hecho con su vida. No se me ocurría persona más feliz en el mundo en ese momento que a este hombre cumpliendo su sueño.
Y yo me pregunto si de verdad cumpliré algún sueño algún día. No lo voy a negar, es un pensamiento que a veces se me atraganta...y si no llego a ser lo que quiero ser? Pero es que yo nunca he sabido lo que quiero ser. Y al final siempre lo acabo relegando a un segundo plano, porque hay otra cosa que me aterra mucho más que no cumplir uno de mis sueños o ser lo que quiero ser, y eso es no ser feliz.
Hace tiempo leí un proverbio chino, que con mucha razón decía que la felicidad no es un destino, si no un camino. Un camino a recorrer, en el que lo que cuentan son las pequeñas cosas. El día a día. Durante todos estos años he hecho miles de cosas que me han encantado y otras que no, pero mil veces ante la misma decisión y habría dicho lo mismo.
Pero hay algo que no funciona. Dicen que si tú no eliges en la vida, la vida acabará eligiendo por tí. Y ese ha sido mi error. A veces demasiado valiente y otras demasiado cobarde, siempre inconstante, sin saber muy bien qué hacer. Eligiendo todo en el último momento, siempre cambiando de una cosa a otra....y ha pasado factura. Ahora miro hacia donde voy encaminado y veo que en muchos aspectos es una vida que no es como yo la imaginé. No me arrepiento de mis decisiones, pero sí me arrepiento de no haberlas hecho a conciencia. De no tener algo en mente. De, por mucho que lo intento, no poder ser feliz porque siempre falta algo. Y ese algo es tan simple como no hacer lo que de verdad quieres hacer porque nunca has sabido qué hacer. Porque nunca has tenido un sueño que te ayude a seguir caminando.
Y es ahora, después de haber visto con mis propios ojos como funciona ese mundo en el que yo pensé que debía vivir, que veo mi error. Sabía que en el mundo faltaban bastantes escrúpulos, que sobraban hipocresía, competitividad y envidia, pero nunca pude imaginar que faltase tanto amor. Amor entre nosotros mismos y a nosotros mismos. Amor para ayudar, para cuidar, para arropar, para hacer reir, para dejar de llorar.... Miro a mi alrededor y veo mucha ambición y ganas de triunfar, como si de una lucha por la supervivencia se tratase. Pero nadie se para a ayudar a los que se caen por el camino, a los que superados por el mundo que les rodea no pueden seguir. A esos nadie les hace caso.
En este mundo, los que triunfan están demasiado ensimismados en su triunfo para pensar en otra cosa, y los que les siguen a la zaga tienen miedo de quedarse rezagados y caer en esa categoría innombrable: el fracaso. El fracaso social, el fracaso económico, el fracaso profesional... Nadie quiere ser un fracasado, pero realmente muy poca gente tiene el valor para ser lo que uno quiere. El valor para guardar y cumplir su sueño. Ese sueño que a Chris Gardner le quisieron robar y por el que tanto luchó en su búsqueda de la felicidad.
Me quedo con una frase de una película que ví hace poco, Revolutionary Road :
"Hace falta valor para llevar la vida que uno quiere"
Todos tenemos el valor y la fuerza suficientes. Pero tenemos miedo al fracaso, al no ser reconocidos y nos echa atrás sin que lo sepamos. A mí me ha costado casi 20 años entenderlo. Pero nunca es tarde para querer ser feliz.

Apologies for not writing in English, but there are things that cannot be expressed in a language that is not your own
No hay comentarios:
Publicar un comentario